El Bebé Mes a Mes

El primer mes del bebé, emoción en estado puro

El otro día repasando fotos de los primeros días del nacimiento de Lucía, me di cuenta de que ya no recordaba algunos momentos y eso me dio mucha pena. Creo que hoy en día, con el tema de los móviles, les hacemos tantas fotos al cabo del día, que no es de extrañar que en estos 4 meses lleve ya más de 3.000 fotos tiradas y olvidemos detalles del primer mes del bebé. Sí, es una locura.

Así que he querido comenzar una sección en este blog donde dejar por escrito detalles que no quiero olvidar, porque los he sentido más, porque han sido graciosos, porque han sido caóticos… algo que me toque al corazón cuando lo vuelva a leer.

Así que allá vamos con el primer mes!

 

Un nuevo miembro en la familia

El primer mes del bebé para nosotros fue un paseo en barca por lo general. Fue un mes de ilusión, de adaptación, de descubrirnos y conocernos entre los cuatro (leo también cuenta claro!), de nuevos sentimientos, de nuevos planes en familia, nuevas rutinas… un mes de cambios, pero no bruscos, las cosas simplemente fueron fluyendo.

Sí que es verdad que destacaría dos temas un poco difíciles. El primero de ellos debido al conocido baby blue, o lo que es lo mismo, la tristeza del post-parto que sufrí. Ojo, que no depresión, un tema mucho más serio que debe ser tratado por profesionales.

En mi caso el baby blue fue una revolución hormonal en toda regla, con grandes dosis de tristeza, ganas de llorar, y las molestias de una cesárea como guinda del pastel. No es fácil explicar esta sensación, la gente no suele comprenderte, no entienden cómo puedes estar triste si acabas de ser mamá. Pero de eso ya ahondaré más en otro post.

La segunda razón, fue el hecho de que durante los primeros días, nuestra pediatra nos recomendó no sacar a la calle a Lucía. Me adelantaron el parto en la semana 38 porque Lucía dejó de coger peso en la semana 32, así que nació con bajo peso. Nada grave, vino al mundo con 2,430 y salió del hospital con 2,340 gramos. Pero en su opinión, debíamos prevenir contagios, restringir visitas y que estuviera tranquila y cogiera peso poco a poco. Muchas me dirán que ellas al día siguiente ya estaban en la calle con sus bebés con un peso inferior, pero fue nuestra decisión seguir la recomendación de nuestra pediatra y no estamos para nada arrepentimos. Es más, los primeros días no soy partidaria de que un bebé vaya de mano en mano, creo que hay que darle su espacio, y que se adapte a sus padres y a su nuevo entorno lo primero de todo.

Como digo, esos primeros quince días fueron “un poco difíciles” porque teníamos unas ganas locas de hacer vida con ella, salir a pasear, y presentarla a nuestros amigos. Pero por otra parte estábamos tan bien de estar las 24 horas del día con ella, que vivíamos en una burbuja.

Como tomó LA (lactancia artificial) desde el principio, nos turnábamos durante la toma de las noches así que, aunque tomaba cada 3 horas, podíamos descansar relativamente bien. No teníamos ojeras, y disfrutábamos del permiso de paternidad de 1 mes de papi.

 Lo más difícil de las primeras semanas

  • Lo más duro de las primeras semanas, es que al ser tan pequeña, se cansaba mucho en las tomas y se quedaba dormida enseguida, por lo que completar una toma de 90 ml se podía llegar a eternizar una hora de reloj literalmente. Por el día no importaba mucho, pero a las 3 de la mañana sí, jeje. Y como estaba baja de peso la pediatra nos recomendó que teníamos que se constantes e intentar que no se saltara ninguna toma. Es decir, no dejarle dormir horas y horas, sino que cada 3 horas bibe. Por suerte Lucía nunca le ha hecho ascos a un bibe y siempre ha ido como un reloj, y a su hora era ella la que lo pedía.
  • El tema de los eructos también nos desesperó un poco. Le costaba infinidad eructar y claro, si no eructaba no te quedas tranquilo pensando que luego tendrá gases y le dolerá la tripita. O bien eructaba nada más levantarla, o lo hacía a la media hora.
  • Además comenzamos a vivir en nuestras carnes el tema de las regurgitaciones. Todo el mundo te dice que es lo típico de los bebés, que todos los bebés tiran, que la mía tiraba más, blablablá. Pero nosotros ya sabíamos que no “tiraba sólo un poco de leche”. Con el paso de las semanas se fue convirtiendo en un problema porque no cogía el peso que tenía que coger. Veréis el segundo mes cómo empeoró.
  • Otro momento “difícil”, si es que se puede decir así, era el momento baño. Las primeras veces cogía unas ploreras considerables. El primer mes no le gustaba nada nada que la dejaras desnudita para cambiarla, o que la metieras en el agua. Creo que no se sienten muy cómodos y nosotros seguramente si nos viéramos ahora nos veríamos bastante patosos jajaja. A veces queremos mover a los bebés de forma tan delicada que somos más torpes que si lo hiciéramos de forma natural.
  • Por suerte descubrimos enseguida que boca abajo, apoyando su barriguita en la palma de la mano, le encantaba estar. Luego llegó la hamaquita para el baño, y los traumas de la hora del baño acabaron.
  • Tema aparte son todas aquellas madres, suegras, tías y no madres, que han estudiado en la “Sagrada Facultad de Medicina Pues Yo“. Señoras, gracias, pero la vida se abre camino 30 años después. Déjennos criar a nuestros hijos a nuestra manera. Nos equivocaremos seguro, pero también aprenderemos.

 

Lo mejor de las primeras semanas

  • Lo mejor de las primeras semanas fue toda ELLA en sí. Nos pasábamos el día mirándola dormir en su cunita, tan pequeñita, tan perfecta. El primer mes se lo pasó durmiendo siempre de ladito. Le ibamos cambiando de lado, pero siempre en la misma posición que en la foto. Me llegué a asustar pensando que igual al dormir de lado sería más fácil ponerse boca abajo, pero la pediatra nos comentó que las primeras semanas es normal que adopten esa postura, y que no nos preocupáramos.

  • Cogerla y verla dormir en tus brazos era una sensación maravillosa. Además, podía quedarse horas dormida en el capazo del carro, por lo que salir por ahí con ella para nosotros no era problema alguno.
  • La semana 3 y 4 fueron las más activas: salíamos a pasear, disfrutábamos del buen tiempo en Valencia… Lucía además siempre ha sido un bebé muy tranquilo, casi nunca lloraba y por suerte no hemos sufrido los malditos cólicos.
  • Y como decía antes, es verdad que duermes menos, pero como estábamos los dos al pie del cañón y nos organizábamos la mar de bien, el cansancio no hizo mucha mella en nosotros. Aunque algunas noches se hicieron eternas, porque tenía el horario un poco cambiado al principio. Dormía mucho por el día y por la noche tenía los ojos como platos.
  • También fue una gran alegría ver que nuestro perrito Leo comenzaba a respetarla y a saber convivir con ella, mostrando cada día un poco más de cariño hacia ella.
  • Entre los momentos más bonitos de ese primer mes me quedo con uno sin lugar a dudas: el momento de salir del hospital e irnos a casa como una familia. La primera vez que la ves es muy emocionante es cierto, pero es un cúmulo de muchos sentimientos y además entre la epidural y todo lo demás que te chutan, la madre va un poco en la nube.
  • Pero después de 4 noches en el hospital, coger a tu niña en brazos y pensar: es mía y me la llevo a mi casa con mi familia, es un momento emocionalmente insuperable para mí.

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