El Bebé Mes a Mes

La angustia del octavo mes: la ansiedad de la separación

De nuevo un mes más en la vida de nuestro bebé y de nuevo un mes lleno de cambios y sorpresas.

En este octavo mes, Lucía ha ido cogiendo más y más autonomía cada día. Hasta ahora solo quería estar de pie, dando saltos, y eso suponía estar todo el rato cogiéndola, porque si la sentabas o te alejabas de ella se ponía a llorar.

Pero como en todo lo que os he ido contado, los bebés cambian de la noche a la mañana y de repente un día se quedó sentada en su mantita de actividades jugando con sus juguetes durante unos 20 minutos sin necesidad de que estuviéramos encima de ella.

Esto ha sido una de las novedades que más hemos agradecido este mes. Ya no sólo por la pequeña libertad que nos dan esos minutos, sino por el hecho de verla a ella evolucionar y entretenerse a su aire.

Pero esta independencia también ha venido acompañada de mayores miedos e inseguridades por su parte. Yo nunca había oído hablar de la angustia del octavo mes, pero vamos, ahora que sabemos lo que es, Lucía es un caso de libro.

La angustia del octavo mes

Como os decía, no me había percatado de este “fenómeno” hasta que en la revisión con su pediatra, Lucía se puso a berrear nada más la vio entrar por la puerta de la consulta. Algo que jamás había hecho en los ocho meses. Me extrañó muchísimo, porque hasta el momento, Lucía no solía tenerle “miedo” a la gente, se dejaba coger por mi entorno más cercano y siempre se mantenía tranquila.

Pero de repente todo cambió. Se lo comenté a la pediatra que ahora extrañaba muchísimo estar en brazos ajenos a los míos cuando nunca lo había hecho, y me comentó que es algo normal. Entre los 8-9 meses, los bebés ya son más conscientes de su entorno y cuando no ven a su madre cerca o algún “extraño” los coge la reacción normal es la de llorar o ponerse muy serios hasta que vuelvan a la seguridad de los brazos de su madre. Es la ansiedad de la separación.

Hay que entender que hasta el momento, el bebé ha vivido muy pegado a su madre, creando un vínculo muy personal que no quieren compartir con nadie más. Por eso, el hecho de ganar más autonomía les puede provocar angustia al ver que su madre “se aleja de ellos”.

Pero no es síntoma de alarma, todo lo contrario. Demuestra que se está desarrollando correctamente y que ya distingue perfectamente a las personas importantes de su vida: sus padres y, en especial, la madre.

Pues así ha sido desde que cumplió el octavo mes. Es irme yo a otra habitación y ponerse a llorar, vuelvo y todo en calma. Estamos paseando y alguien se le asoma al carro y se pone a llorar. La coge algún familiar o amigo y se pone a llorar. Incluso por las noches a veces es imposible que se duerma con su padre. La cojo yo y al segundo se calma y vuelven las risas.

Es un momento doloroso, porque se pasa muy mal ver como coge ese miedo y esos berrinches en cuestión de segundos, de hecho yo me niego a que pase por eso. Si la veo llorar lo siento, pero Lucía se viene con su mami en menos de lo que canta un gallo.

Aquí como os podréis imaginar me he tenido que escuchar cien mil veces la típica cançoneta de que está enmadrada. Pues en el caso de que lo esté, bien orgullosa estoy que solo sean mis brazos los que la calmen y no los de nadie más. #madrecoraje #malasmadres #crianzaconapego

Consejos para calmar esta angustia

Pues aquí como todo el mundo sacará su máster en psicología infantil y te dirá lo que conocen como la verdad absoluta. Pero yo personalmente me guío por el sentido común, o lo que es lo mismo, crear situaciones en las que ella no vaya a pasar esa angustia. No veo la necesidad la verdad. Si no tuviera opción sería distinta, pero pudiendo evitarlo prefiero elegir la crianza con apego.

  • Si estoy en casa y me tengo que ir a otra habitación, le hablo en voz alta sin parar: “mami está aquí, ya vuelve mami, ya voy Lucía estoy aquí”…etc
  • Si me tengo que ir de casa aquí tiro de confianza plena. Solo con su padre o su abuelo materno es capaz de no extrañarme y no ponerse a llorar. Así que aunque pueda parecer exagerada, yo me quedo más tranquila sabiendo que Lucía no lo va a pasar mal y va a quedarse tranquila con cualquiera de los dos.
  • Cuando estamos fuera de casa y alguien la quiere coger del carro y ella se va a poner a llorar: lo siento pero a mi hija no la coges, en estos momentos no puede atenderte. Nunca hay que obligar a ningún niño a estar en brazos de alguien que no quiere, igual que no hay que obligarle a darle besos a nadie. Hay que dejar que se familiarice con la persona y coja confianza poco a poco.
  • Si está en otros brazos y de repente se cansa y quiere volver con su madre: lo siento pero mi hija se vuelve conmigo #StopDramas
  • A la hora de dormir a veces tiene noches malas, pero hasta el momento no hemos tenido la necesidad de meterla en la cama con nosotros. Lo que sí es cierto es que duerme en su cuna pero en nuestro cuarto. A veces se despierta mil veces y basta con cogerle la manita para que se calme al instante y se vuelva a dormir. Así que en lugar de levantarnos hasta su habitación cada dos por tres, decidimos de mutuo acuerdo mantenerla en nuestra habitación por el momento, hasta que veamos que al despertarse no extrañe a nadie.

 

Nuevos alimentos

Este octavo mes seguimos manteniendo los horarios que ya quedaron afianzadas durante el mes pasado. Cuatro comidas al día (Desayuno, almuerzo/Comida, merienda y cena).

Hemos introducido todo tipo de carnes: pollo, pavo, ternera, conejo… y eliminado por completo el bibe de la noche. Ahora suele cenar sémola, papilla de verduras, verduras al vapor, merluza, lenguado…

Y tal y como nos recomendó la pediatra, estamos introduciendo el concepto de postre. Así después de cada comida o cena le damos siempre un poco de fruta. ¡La naranja, el plátano y la fresa son sus preferidas!

Sin dientes y sin ganas de dormirse pronto

No sólo mantenemos la rutina en las comidas, también seguimos durmiéndonos muy tarde. Aunque últimamente hemos notado un ligero movimiento de horas. Hay días que a las 22.30 ya hemos conseguido que se quede dormida hasta el día siguiente.

Y por las mañanas los días de dormir hasta las 10 ya terminaron. Ahora a las 9 todos en pie de guerra. Así que los fines de semana los estamos aprovechando al máximo, que ahora con el buen tiempo nunca viene mal.

Todavía no le ha salido ningún diente, pero sí que a principio de este octavo mes la encontré más desficiosa que de costumbre. Cada vez que la cogía en brazos se lanzaba directa a arañarme la cara, morderme, tirarme del pelo para metérselo en la boca. Así que decidí comprarme un collar de lactancia.

La verdad que no pensaba que fuera a hacer mucho para aliviar su ansiedad, pero nada más lejos de la realidad. Desde el primer momento de llevarlo, Lucía se agarró a él en lugar de a mi pelo y le alivia muchísimo morder las bolitas. El collar en cuestión es de Juno`s Mum Project, que ya os he hablado de sus productos en otras ocasiones. Para esta ocasión elegí que fueran todos de silicona comestible, porque vi que en su sonajero que tiene de la misma marca eran las bolitas que más le gustaban. Así que elegí un diseño bonito y combinable y no puedo estar más contenta. Va siempre conmigo, en el cuello, en el bolso o en el carro y si estamos paradas con el carro y se empieza a poner nerviosa, le doy el collar y problema resuelto 🙂

Como veis el octavo mes da para muchas más palabras, pero creo que se va a quedar breve en comparación con lo que nos deparará el novemos mes. ¡Vamos!

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