Maternidad y Crianza

Primeros días de guardería: protocolo de adaptación

La primera semana de guardería de Lucía la vivimos con los nervios a flor de piel. Con muchos miedos, pero al mismo tiempo, impacientes y entusiasmados con la idea de que Lucía empezara ya la guardería para relacionarse con otros niños, jugar con nuevos juguetes, aprender nuevas rutinas, dar un empujón a su desarrollo infantil.

En resumen, sentimientos encontrados que surgen desde que eres madre y comienzas a quemar etapas. Por un lado, felices de verlos crecer, pero por otro un poco de nostalgia de ver cómo pasa el tiempo a un ritmo vertiginoso en tan sólo un año de vida.

Nuestra guardería

La elección la tuvimos bastante clara desde el principio. La hemos llevado a una guardería que nos pilla muy cerca de casa y donde ya trabajaba una amiga. Así que sabía de primera mano dónde iba a meter a mi hija y en qué condiciones. Y aun así no es nada fácil la decisión. Sabemos que van a estar con cuidadores y docentes profesionales, pero al principio es dejar a nuestro bebé con un desconocido.

Así que hay que hacer de tripas corazón y echar a andar como unas valientes para acompañar a nuestros pequeños en todo el proceso de adaptación y que sea lo menos traumática posible.

Incorporación progresiva

En nuestro caso, algo que hemos agradecido y que nos ha ayudado mucho los primeros días, ha sido el periodo de adaptación que hay en la guardería. Parece algo de lo más normal, pero hablando con la gente veo que en muchos centros el primer día los padres los dejan y se tienen que ir hasta que es la hora de la recogida. Y personalmente, me parece algo tremendamente duro.

Que es cierto que nuestras madres nos dicen que con nosotros era así y no había estas modernidades, pero que queréis que os diga, deberían estar hechos de otra pasta porque yo he aprovechado mejor la adaptación que la propia Lucia jeje.

En la clase de Lucía son 15 niños, pero los primeros días nos separaron en tres grupos de 5. Así que el primer día de guardería, lunes, Lucía se incorporó al aula a las 10:00 horas y estuvimos alrededor de 1 hora con ella junto a otros 6 niños y sus respectivos papás/mamás.

Estuvo muy tímida. Lo miraba todo con mucha cara de susto y no me soltó de la mano en ningún momento . Yo le acompañaba por la clase y le enseñaba todos los juguetes que había en los cajones, y le invitaba a jugar con los otros niños, pero como que no. Pasó muy rápido la verdad y pensaba que iba a soltarse un poco al final de la hora, pero no.

También, algo que no esperábamos es que, a pesar de ser de septiembre, Lucía es la más pequeña de la clase y la única que aún no sabe andar. Hay niños con los que se lleva muy poco, pero ya andan, y ahí sí que veía como todos se movían libremente y ella se quedaba en la colchoneta medio gateando solo. Ahí sí se nota mucho la diferencia con los que han nacido a principios de año.

El Segundo Día, LUCÍA se incorporará al aula a las 10:00. En esta ocasión pasaba 2 horas en el centro, pero en nuestra compañía solo hasta las  10:30h. Luego se quedaba una hora en clase y a las 11:30 volvimos a jugar con ella la última media hora. Aquí ya empezó un poco el drama, se quedó llorando, pero se dejó coger por la profesora cuando nos fuimos. Algo muy raro en ella porque no se deja coger por normal general. Debió pensar que entre la profe y la colchoneta, mejor la profe 😛 A nuestra vuelta nos la encontramos dormida en una de las colchonetas apoyada en una profesora. Lo mejor, lo mucho que se alegran cuando la recoges.

El Tercer Día misma pauta, pero ya de 9 a 12. Y solo estuvimos la primera media hora y la última. Ella se quedó sola dos horas. No quiso almorzar, y eso me preocupó un poco, porque el almuerzo es un bol de fruta variada y a ella le encanta. Pero no quiso probar bocado. Aunque por lo menos salió al patio y estuvo de la mano con la profe por ahí jugando.

El Cuarto Día, ya era solo dejarla a las 9 y recogerla a las 12. Y aquí sí que empezaron los dramas generalizados. Los niños son muy listos. Al principio todos muy contentos de ver un sitio nuevo con juguetes diferentes, pero al cuarto día que ya ven que eso va en serio, todos se ponían a llorar. Y lo peor de todo es que se contagia de una manera brutal. Veías como llegaba un niño sonriendo y al entrar a la clase y ver al resto llorando, automáticamente se ponían a llorar.

Por suerte para mí, Lucía poco a poco se fue adaptando muy bien. Lloraba un poquito al dejarla con la profe pero en cuando salía, y me esperaba unos segundos, me asomaba por la ventana y ya estaba tranquila.

El último día de adaptación, viernes, Lucía ya fue de 9 a 12 y de 15 a 17horas. Por el momento no hemos querido dejarla a comedor, hemos preferido esperar a que se adapte, pero viento que todo ha ido bien, seguramente en pocas semanas se quedará a comer.

Además, creemos que así es también mejor para ella. Porque no la dejamos dos veces al día, que se nos hace más duro a todos. Mejor dejarla y recogerla y así se coge mejor al ritmo de la clase por las tardes.

Cambios que hemos notado en Lucía

  • La primera semana no me soltaba ni a la de tres. Solo quería estar en mis brazos. Y algo muy llamativo, hasta ahora se pasaba el día diciendo Papá-papá-papá…. Y Mamá solo lo decía cuando lloraba o cuando quería que la durmiera yo. Pero fue empezar la guardería y no se quita el Mamá de la boca.
  • Cuando entró en la guardería, como os he comentado, Lucía no andaba nada. Se ponía de pie y se aguanta ella sola perfectamente pero solo daba pasos de la manita. Y me sabía muy mal porque veía que era la única de la clase que no andaba. Pero en tres semanas se ha soltado y ya va dando sus primeros pasos. Y cada día que pasa más y más pasos. De hecho, el último día ya me comentó su profesora que se había pasado toda la tarde danzando por toda la clase ella sola, medio andando medio gateando. Así que es algo que veo que le ha “empujado” a lanzarse.
  • Almuerza y merienda estupendamente, y solo llora cuando tiene sueño, que la pone a descansar en la hamaquita. Pero por lo demás me dicen que está genial, y que juega y se entretiene con cualquier cosa. De hecho es como siempre te dicen, cuando le dejo a veces llora un poquito, pero enseguida que salgo me asomo por la ventana como la vieja del visillo y ¡ya no está llorando! Y lo mismo el resto de los niños, no solo la mía. Así que los padres nos vamos todos ya bastante tranquilos solo dos semanas después de haber empezado.
  • Cosas malas: los mocos ya no nos los quitamos de encima. La primera semana aguantó, pero la segunda ya llegó a casa con los mocos y ya se han quedado con nosotros. Es lo que más hemos de controlar, según nuestra pediatra, que los mocos no vayan a más y evolucionen a problemas respiratorios (bronquitis, neumonías, etc.)
  • Llegó también el día en que llegó a casa con un mordisco en el brazo de otra niña. Es algo que ya nos habían avisado, que un día recibirían y otro día serían ellos los que dieran un mordisco. Pero da rabia. Aunque reconozco que desde que va a la guardería Lucía está sacando su genio…empieza a tener la mano larga cuando se enfada y eso me preocupa. Pero supongo que forma parte de su aprendizaje, desarrollar nuevas conductas y aprender a controlarlas.

Y así poco a poco hemos conseguido superar las primeras semanas de guardería. Reconozco que pensaba que lo iba a pasar peor. Pero cada día nos pasaban fotos de la clase y se les veía la mar de tranquilos. Y luego en casa la verdad es que no he notado a Lucía más arisca ni enfadada. Ni siquiera cuando cada mañana le pongo el uniforme de la guarde. Es más, notamos como juega de forma más independiente en casa. Y charra en su idioma sin parar.

Cada día la llevo al brazo de camino, vamos cantando y se va riendo. Y a la salida enseguida se pone contenta cuando me ve, y se viene ya dando pasos hasta mis brazos. Como en todo, es cuestión de actitud, yo le intento transmitir tranquilidad y confianza en el sitio al que la llevo, y lo divertido que es ir a clase con su profe y sus compañeros. ¡Es hora de seguir creciendo y yo no me lo quiero perder!

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